La fecha de nacimiento de San Blas es tentativa y se ubica
alrededor del año 283 en Armenia menor, al nordeste de Capadocia. Su martirio,
del cual nos ocuparemos más adelante, se cree acaeció posiblemente en el año
316, dado que toda la documentación que hubiese podido llegar a nuestros días,
nos acota el autor, ha sido destruida por las persecuciones de cuño persa y más
tarde del emperador Diocleciano, quien sentó un triste recuerdo en el Asia
Menor. Será Constantino, mediante su edicto de Tolerancia del año 313 el
encargado de traer sosiego a tanta persecución encarnizada en contra del
cristianismo. Sin embargo, los tiempos no eran los actuales en cuanto a una
rápida comunicación. Por lo tanto, el influjo benefactor de este edicto de
Constantino no haría sentir su efecto sino con cierta lentitud, esto es hasta
su firme implementación.
Entre las escasas fuentes de información sobre el obispo de
Sebasto, encontramos una del siglo VI en un compilado de conocimientos médicos,
donde surge la primera relación de Blas con respecto al mal de garganta. Desde
allí, mediando sus estudios en herboristería, se consideró a este santo una
especie de médico y se le tomó como fuente de invocación en la curación de este
tipo de malestares y de otros muchos. El Vaticano, luego de su canonización en
1244 (Concilio de Lyon) ha reconocido y
establecido su culto formalmente en 1584.
Sin embargo, el culto popular a San Blas llega a Francia
entre los siglos IX y X, y le sigue en escaso tiempo su penetración en Suiza y
Alemania, probablemente mediante los buenos oficios del Sacro Imperio Romano
Germánico. De allí en más, se expande por el resto de Europa, llegando a las
Américas de la mano de los conquistadores.
Volviendo a Blas y sus prodigiosos milagros, éstos van desde
la curación de personas hasta el restablecimiento de animales, empleando
hierbas o bien la señal de la cruz. El comentario de estos prodigios cundía por
toda Capadocia, llegando inclusive hasta los oídos de un brutal gobernador
romano de esta región llamado Agrícola. De tal suerte, el benefactor es tomado
prisionero por las fuerzas gubernamentales y, camino a prisión, son numerosos
los milagros que se le atribuyen en beneficio de aldeanos y pastores que le
cercaban el paso invocándole favores y milagros.
Fracasado el intento del gobernador de hacer abjurar a Blas
mediante el uso de la tortura, lo hace colgar de un árbol y sus carnes son
deshilachadas usando una especie de peine de hierro. Es finalmente inmerso con
una gran piedra al cuello dentro del agua helada, (junto a ochenta voluntarios
que mueren en la instancia) suplicio del cual sale inexplicablemente vivo. Se
cree que los ángeles evitaron su muerte a pedido de Dios, cosa ésta que
enfureció aún más al gobernador quien atribuyó su supervivencia a cuestiones
del empleo de una supuesta magia. De tal suerte que le hace decapitar a efectos
de terminar con su influencia en la población.
LA ORDEN DE SAN BLAS Y DE LA SANTA VIRGEN MARÍA.
Se estima que esta orden fue creada en el siglo XII por un
príncipe de Armenia, en Palestina o en la Cilicia armeniana de la época, al
mismo tiempo que hacía su aparición la orden del temple. Es asimismo un hecho
que los armenios revistaron en la orden templaría. De allí la asociación de
este santo como un patrono templario. Se cree que dicha orden desapareció en el
siglo XIII con la irrupción de los mongoles, y también dentro de un
reagrupamiento con otras órdenes militares-religiosas más importantes, del tipo
de la de San Juan de Jerusalén o del mismo Temple. No olvidemos que tanto los políticos
como los religiosos de entonces preconizaban estos reagrupamientos de órdenes
caballerescas de menor envergadura en otras de real importancia a efectos de
sumar soldados para la reconquista de la Tierra Santa en el marco de una nueva
cruzada.
NON NOBIS DOMINE NON NOBIS SED NOMINI TUO DA
GLORIAM